HISTORIA La Venta de la Tuerta es, probablemente, una de las ventas más antiguas de España y a buen seguro, una de las pocas que aún siguen en funcionamiento. Gracias a la prodigiosa memoria de "El Rubio", regente de esta venta, podemos disfrutar de las Historias y Andanzas de La Venta de la Tuerta, una historia, cuanto menos interesante, aunque la realidad suele superar a la ficción. HISTORIAS Y ANDANZAS DE LA VENTA DE LA TUERTA Se cuenta, que la historia de éste establecimiento data de finales del siglo XVIII. Y dado que tantos años han transcurrido, las razones por las cuales se construyó en el término municipal del Ayuntamiento de Garrafe de Torío, dificilmente pueden ser aclarados hoy en día. Pero lo cierto es que en toda la inculta planada, que entonces era famosa por sus liebres y que se extiende entre León y La Robla, sólo se encuentra una venta, evocadora de las que describieron Cervantes y el Duque de Rivas, La Venta de la Tuerta. Algunos sesudos afirman que el lugar donde se ubica la venta se debe a la existencia, -cosa cierta y comprobable-, de una calzada romana. Una que comunicaba León con Asturias en tiempos de Cleopatra y Julio César. Pero sean unas u otras las razones, lo cierto es que esta venta se sitúa en un llano, lejos de población, pero ni el sitio en que está enclavada es sospechoso, ni tiene el siniestro aspecto de aquellas descritas por el Duque de Rivas. Muy al contrario, esta venta leonesa, reposa en un lugar donde se ofrece con total claridad a la vista del caminante y su aspecto ha sido siempre hospitalario y acogedor, para el que a sus puertas llama en solicitud de refugio, calor y comida. En el año 1560, el por entonces rey Felipe II, dispuso ordenanzas que regían estos establecimientos, para la protección y amparo de arrieros, viajeros, caminantes despistados y comerciantes, sin olvidarnos de los forajidos, visitantes casuales pero ciertos, que también abundaban por aquella época, por lo que la ventera, que se dice era tuerta, los tenía bien puestos para poder bandearse de tanto viandante de diferente madre. Este caserón o ventorrillo, fue cogiendo auge allá por los comienzos del siglo XIX, durante el transcurso del cual, se construyó el molino de viento. Se comenta que la ventera de aquel entonces, que tenía buenas luces de comerciante, usó el molino a modo de trueque. Moliendo trigo, centeno y otras semillas a cambio de nueces, fruta u otros intereses que cambiaba y acordaba con los pueblos colindantes: Cuadros, Cabanillas, Carbajal, Riosequino y otros. Aquel molino, que sigue en pie actualmente, fue construido íntegramente de barro y sus paredes presentan un grosor de metro y medio, debido a lo cual, en su interior siempre se aprecia la misma temperatura, sin importar la estación. Según algún historiador y otras fuentes no comprobadas es el único molino que no fue vencido por D. Quijote de la Mancha. Avanzaba el siglo XIX y ya entonces esta venta, a la que a partir de ahora llamaremos antigua, se postulaba como parador obligado del viandante y de los que se desplazaban en caballerías, la clase alta de aquel entonces, ofreciéndose en ésta época buenos cuartillos y jarras de vino. Pero no solo avanzaba el siglo, sino también el estado y sus finanzas. Y fue por entonces cuando se inició la cobranza de impuestos en muchos ayuntamientos, como aquél al que pertenecía la venta antigua. La ventera, que tenía gran picaresca, mandó construir un casetuco de barro, situándolo a 100 metros de la venta antigua y a propósito en un terreno al otro lado de la actual carretera, que no pertenecía a Garrafe de Torío, sino a Cuadros, que por aquel entonces estaba exento de impuestos. De esta manera, en aquel casetuco guardaba los pellejos de vino, mistelas y otros ricos brebajes para evitar en lo posible las ansias monetarias del estado. Y he aquí el por qué de llamar antigua a aquella venta, puesto que no ha existido una venta, sino dos, la antigua y otra más nueva. La primera situada al este del camino, en dirección a los Astures y la segunda al oeste, la que ahora pisamos y visitamos siempre que se nos permite hacer un alto en el viaje y que fue construida hace siglo y medio en las proximidades de aquel casetuco. En aquella venta antigua, en su dependencia principal, existía un fogón de cepa y leña, rodeado de grandes escaños, donde los cansados viajeros, que no políticos, podían saciar su hambre y sed con buenos pucheros y muchas comandas variadas con sabor a aquella época, sabrosa, buena y sana. Era de obligación para el ventero, dar cobijo al viajero, si éste así lo requería, permitiéndole pasar a calentarse al fogón, así como poner a su disposición una palangana con agua y sal con el objeto de curar y dar descanso a los doloridos pies. Pero no sólo aquellos que eran viajeros podían recibir los servicios de la venta, sino también, caballerías que repostaban y saciaban sed y hambre en sus establos. Como es menester, la ventera debía de recibir algún bien por los servicios prestados y es por ésto que el estado cedía un libro de carácter oficial, donde todos aquellos que hubieran sido beneficiarios de algún servicio de ésta venta, tenía la obligación de firmar, siendo estas firmas, en su mayoría, huellas, puesto que muy pocos de aquel entonces conocían el arte de la escritura. De ésta acción, la ventera reunía las firmas que cada cierto tiempo eran llevadas a un representante del estado, recibiendo de éste, en función de la cantidad de aquellas, la contraprestación en moneda de aquel entonces que correspondiese, posiblemente maravedís, moneda de cobre y vellón. Aquellos libros, cuyo valor sería incalculable en la actualidad, registros centenarios de todos aquellos que alguna vez visitaron esta venta, se han perdido y con ellos parte de la historia. Aunque algún sesudo historiador afirma que dichos libros se encuentran a buen recaudo en algún archivo histórico. Pero además de éstos libros, otras cosas se perdieron en el devenir de los años, como el escudo de la venta. Escudo que se cree fue cedido como un regalo al Conde de Gaviria, señor acaudalado y noble de no hace tanto, perteneciente a la familia Cadenas, como así lo atestigua una nota escrita por éste, en la que se apena de la muerte del padre del ventero y muestra sus respetos y condolencias. De aquella nota se deduce, sin mayor esfuerzo, que al ventero y al conde les unía una buena amistad. La búsqueda de aquel escudo continúa y no es por afán de recuperarlo, pero sí al menos de conocerlo y llenar una laguna de la larga historia de esta venta. Dado el número de viajeros que visitaron este establecimiento a lo largo de sus más de cuatro siglos de existencia, no es de extrañar que algunos de estos fueran ilustres o incluso reyes, como Felipe II, del cual se cuenta que pasó noche en ésta venta y usó sus dependencias para poner a salvo de forajidos el oro que transportaba en sus carruajes, además de cambiar sus agotados caballos por otros de reposta. Pero no sólo firmaban en estos libros gentes ilustres o de buena fe, también bandoleros, aquellos que muy de vez en cuando visitaban a la ventera, no sin darle algún susto y dejando tras de si una historia que contar a propios y extraños, como fue el caso del Tempranillo, de quien se dice que al visitar esta venta, no rebeló sus identidad hasta el momento de su partida, cuando le hizo saber a la ventera que acababa de conocer al temido forajido de nombre el tempranillo y acto seguido, ante la mirada de susto de la mujer, éste desapareció en la llanura a lomos de su caballo. En los establos y cuadras de la venta antigua se guardaban todo tipo de reses. En aquella época era común que rondaran los lobos, abundantes y feroces, que no dudaban en alimentarse con las que mataban, a pesar de los perros mastines que las protegían. En relación con tales cacerías lobunas, cuentan pastores de aquella época, que en invierno, cuando acuciaba el hambre, los lobos llegaban a saltar la tapia o muro donde se guardaban los animales, muy habitualmente ovejas, de las que daban buena cuenta no sin antes haber luchado con los mastines, a los que también daban muerte y una vez saciada su hambre, estos trataban de salir del corral, pero cual era su sorpresa cuando descubrían que la tapia era más alta por dentro que por fuera, no siendo posible la huida. Ante esto, los lobos hacían alarde de su inteligencia y llegando a matar más de cien ovejas, las usaban como apoyo, apilándolas contra la tapia unas encima de otras y de esta forma lograban escapar de tal improvisada trampa. De estas escabechinas, la abuela y ventera de entonces, ordenó que todos sus mastines llevasen carrancas, para proteger el cuello de estos de las mordidas mortales de los lobos, puesto que el lobo siempre ataca al cuello. Aún así, el lobo hambriento y listo, engañaba a los mastines haciendo pasar cerca de ellos, uno o dos lobos, emprendiendo entonces los perros la carrera detrás de éstos y siendo llevados al valle o al barranco donde la trampa era que allí esperaba el resto de la manada de los lobos y donde nada podían hacer los mastines, siendo comido todo menos las carrancas. Tan fuertes y abundantes eran las nevadas de hace un siglo, que muy habitual era quedar aislado o incomunicado por la nieve, por lo que para pasar de la venta antigua a la nueva, que ya existía por aquel entonces, se usaba el ingenio. Con una pala cavaban bajo la nieve un túnel cuya longitud variaba según nevada, alumbrado por faroles o velas. Por cierto, de aquella, no dimitía ningún político. Era cosa muy normal, debido a las fuertes nevadas que algunos visitantes quedaran atrapados en el establecimiento durante días. La nieve no entiende de clases o de relevancia, así es que durante una de esas nevadas el grupo musical "Las Vienesas", famosas en aquella época, no pudieron continuar camino a León para cumplir contrato de actuación, quedando atrapadas durante casi una semana al calor del fogón y en compañía de la abuela Juana, degustando sus pucheros. Al llegar nuestra guerra, la Guerra Civil Española, la venta nueva fue confiscada para formar un cuartel de la guardia civil, el cual perduró por años. Se cuenta que fue elegida la venta nueva para tal menester por su situación, aunque no se puede más que especular. Y así fue cuartel hasta terminar la contienda. Durante años convivieron la venta antigua y la nueva, hasta que por motivos ajenos a los venteros esta última fue vendida y tiempo más tarde, a principios de los 70 derruida, sin que sus antiguos dueños pudieran hacer nada para evitarlo, puesto que por su historia, belleza y tradición no debió Castilla y León haber permitido tal destrozo. Si tal cosa hubiera ocurrido en la actualidad no se hubiera dado tal situación. En la actualidad unicamente queda una venta, aquella que llamamos nueva y los descendientes de aquellos venteros siguen dando confianza a los viajeros, ahora de cuatro ruedas, que cada día pueden disfrutar los menús de Conchita, servidos por su marido Toño y sus dos hijas, Sandrita y María. Nota: Sandra y María no han salido tan pícaras como la abuela, puesto que no han mandado construir ningún caseto para evadir impuestos.

SÍGUENOS

Las redes sociales, nos permiten tener un contacto día a día con nuestros amigos y estar informados de todo lo que sucede a nuestro alrededor. Y luego quedarnos con lo que realmente nos aporte valor.

HISTORIA

La Venta de la Tuerta es, probablemente, una de las ventas más antiguas de España y a buen seguro, una de las pocas que aún siguen en funcionamiento.

Historias y andanzas de La Venta ...

LEER MÁS

Copyright © 2017- La Venta de la Tuerta